sábado, 8 de junio de 2019

El tigre en el caleidoscopio.

Pierdo la cuenta de los días que llevo con los dedos anquilosados. Las manos se entumecen cada vez más y parece que son las palabras acumuladas en las yemas de los dedos. Tantos temas de los que escribir y tan poco tiempo...

Aquí siempre me falta tiempo.
Un compañero dió con la definición perfecta hace unos dias, llamó a éste lugar "la jaula". Creo que si lo hubiera pensado, no hubiera acertado tanto; porque ese sentimiento, de animal enjaulado, es el que me lleva recorriendo las venas desde hace días. En la jaula, tres palabras pueden hacer que pierdas el equilibrio y llevarte a lo más profundo. Todos los días estás a prueba, y necesitas estar en buena forma para no perder la cabeza. Un jefe que tuve, decía que alguien como yo, estando medio dormido, tenía que ser capaz de doblar en intelecto a cualquier terrano. "Ellos no tienen que velar por su seguridad las 24h. Tú necesitas estar despierto aún cuando duermas. Estar alerta aún cuando descanses." Sonará a locura, pero mucha gente no se lo toma así... y es un pequeño gran error. Tanto como obsesionarse, lo sé... pero no hay camino libre de baches.
La jaula... a más lo digo, más veraz me suena.
"Cuando estés en casa y no tengas ganas de hacer un plan,piensa en la jaula. Piensa que luego no podrás hacer nada de lo que te gusta. Verás con otros ojos esa propuesta." Sin que se entere, pero... cuanta razón.

Escribiendo sobre el cautiverio voluntario, y por ende de la libertad frustrada, me parece apropiado hablar de otro elemento básico para la vida: la verdad.
Recuerda hijo de -El, que siempre la verdad será el mejor camino a tomar.
Hay voces que enuncian que el decir la verdad en todo momento, denota una abierta y manifiesta falta de empatía hacia los otros y sus personales situaciones. Parece una justificación un tanto forzada para la recurrida "mentira piadosa". No hay mentira que nazca de la piedad. De la pena, el dolor, el resentimiento, la rabia y el odio, sí. Pero no de la piedad.
Confundir la pena o la lástima con la piedad, parece un error muy común hoy día. Conócete. Profundiza en tí mismo y sé claro con tus sentimientos hacia tí y hacia otros. Ahorras en tiempo, y ganas en serenidad. Toda mentira, por pequeña que sea, es una piedra en el zapato y una losa en los hombros. Tarde o temprano, te harán perder el paso.

No puedo sacarte de mi cabeza. Una conversación cruzada, tres palabras y una foto. No pensé que fuera necesario tan poco, para dinamitar mis bases. Mis principios están al desnudo. Me debato entre ceder o mantenerme firme. Total, ¿qué puedo perder?, si no contamos mis principios... pues nada relevante. Afortunadamente, soy consciente de la situación, y puedo poner remedio. Puedo controlarlo. Creo.

Tantas cosas de las que escribir...

Situación tras situación, no paro de verlas como si de un cine se tratase. Uno macabro, donde no sé que película estoy viendo, ni cuando terminará la película, y en el que tampoco se me permite marchar. Atado a la silla, observando. Mirando una secuencia tras otra. Todas tan reales como posibles. Todas pasan al mismo tiempo, y ninguna tiene lugar. Veo tantas, que pierdo la noción de en qué linea o en qué momento estoy. Cierro los ojos con la esperanza de que todo deje de dar vueltas, pero no puede detenerse. El tiempo siempre avanza. Un móvil perpétuo que orquesta el baile de todo lo posible y lo improbable. Nunca se detiene.

Tantísimo que escribir...

Escribir ayuda. Sana heridas... incluso las autoinfligidas.

Pd. Necesito dar vacaciones a mis manos. Las adoro.
Me adoro.

U.