
No, no soy el magnífico heroe de una épica película. Tampoco el villano que se dedica a destruir el mundo.
No, no vuelo y toco la cúpula del cielo con la punta de mis dedos. Mucho menos soy capaz de sumergirme en el gran azul, y llegar a la más profunda sima.
No puedo mover montañas con una mano atada a la espalda. Tampoco soy un excelente velocista, capaz de hacer morder el polvo a un haz de luz.
Ciertamente no poseo una inteligencia prodigiosa.
No tengo visión de rayos X, ni nada por un estilo.
No tengo un cuerpo escultural hecho de acero con el que detener un tren de mercancias, poder resistir explosiones, balazos, etc. No, definitivamente no puedo hacerlo.
Mis oidos no abarcan las bandas superiores o inferiores del espectro sonoro, podria decirse que no oiría un susurro en la otra punta de la ciudad.
Tampoco es que cuente con unos reflejos que sean casi precognitivos, y mucho menos puedo dar saltos impresionantemente largos o altos.
No soy muy ágil, y tampoco es que deslumbre por mi coordinación.
No mencionemos el echo de que tampoco tengo una monstruosa transformación con la que cautivar a la doncella de turno (NOTA: no brillo, repito NO BRILLO).
Supongo, que después de todo, no soy más que un hombre. Un simple hombre.
Con su parte buena y su parte mala. Siempre en constante lucha.
Capaz de llevarte a la zona más alta o más profunda, haciendo uso de la imaginación y la palabra. Y si eso no es suficiente... siempre queda el billete de avión.
Con la fuerza suficiente como para levantarte y salir corriendo por toda la avenida... o como para cambiar una rueda (esfuerzo brutal).
Lo sufientemente rápido como para adelantar a un caracol que esté derrapando.
Lo bastante inteligente como para saber y entender el por qué de algunas cosas.
Con unos ojos que me permiten verte, y admirar lo bueno de cada día.
Un cuerpo que es capaz de abrigar y cubrir cuando hace frio y el viento azota; por no mencionar la función almohada.
Con unos oidos que siempre te escuchan, siempre atentos para cuando llames.
Con los reflejos necesarios para intentar evitar que te caigas, e incluso, llegar a sobresaltarme. Todo en el mismo instante.
Saltos justos para lanzarme al gua y comprobar que mi flotación... es cuestionable.
La agilidad y la coordinación necesarias para hacer malabares, ¡y no se me caigan!
Y bueno, transformaciones... dependerá del día la cara que tenga. Que en ningún momento brillaré (solo queria aclararlo).
Todo eso, sin ir a lomos de un blanco y brillante corcel. Paso. Que luego te quedas con el corcel... y mira a ver.
¿Para qué ser un caballero de brillante armadura o un superheroe, si puedo ser un yo?
Especialmente dedicado a la Superheroina del reino.
Atentamente, yo.